Todo pasa por la brasa: el pan, la cebolla, el pescado del día y el postre. Leña de encino, doce mesas, una sola idea.
Andrés Sepúlveda cocinó ocho años en vascos y asadores del sur antes de volver a Monterrey con una certeza: el norte ya sabía cocinar con fuego, solo había que quitarle la prisa. En Ceniza la leña es de encino de la sierra, la brasa se administra por horas y el menú cambia cuando cambia el mercado — no cuando lo dice el calendario.
"Pedimos el maridaje sin muchas expectativas. Nos sirvieron un tinto de Parras con el short rib y se hizo un silencio en la mesa que todavía recordamos."